Muchas voces, muchas personalidades: Un poema pictórico de T Newfields

Cuando mi estómago habla,
por lo general me insta,
"¡Come más y regocíjate!"

Si mis piernas tuvieran voz,
tenderían a proclamar,
"¡Muévete y haz más descubrimientos!"

Cuando mis lomos se vuelven locuaces,
casi siempre ordena,
"¡El sexo es una elección maravillosa!"

Si presto atención a mis nalgas,
murmuran de forma predecible,
"¡Siéntate, relájate y aprecia tus zurullos!"

Cuando habla mi billetera,
oigo quejas persistentes,
"El ahorro es una necesidad esencial".

Escuchando estas voces,
me siento inseguro de a cuál de ellas prestar atención.

¿A qué voz debo lealtad?

¿Hay alguna manera de que este estribillo discordante
dentro de mi cabeza pueda convertirse en un equipo coherente?
Anya: La idea de un yo personal es una ficción. Como dijo Yuval Harari, no somos "individuos", sino más bien escindidos "di-viduos".
Devani: Podría ser así, pero para vivir en ambientes complejos, necesitamos ficciones para funcionar con eficacia. Tenemos que actuar "como si" tuviéramos una coherente identidad, a pesar de que hay un calidoscopio de identidades en competencia en nuestro interior.
Brice: Prefiero pensar en nosotros como una suma de interactivos programas informáticos que están constantemente sus propios scripts.
Carlos: Pasas demasiado tiempo frente a la pantalla del ordenador. En realidad somos organismos biológicos. Somos seres de carne y hueso. Nuestra plasticidad es limitada y nuestra inteligencia finita.